Descripción
CANTIN, MARC//EDEBE//FICCIÓN
– Ni hablar. Solo los hechiceros tienen ese derecho y yo estoy aquí para que nadie más se acerque a esta fuente ―dice el enano. – Yo soy un hechicero ―avanza Merlín―. ¡Así que apártate! – Solo los que tienen suficiente edad como para tener pelo en el barbilla… – ¿Tanto como en vuestras enormes cejas? ―se burla Merlín. La cara de Mastoc enrojece y su cabeza parece una marmita olvidada en el fuego. – ¡Sálvese quien pueda! ―grita Merlín. Merlín ha cambiado el secreto de la vida eterna por una fórmula mágica. ¡Atención a los destrozos!, Lanzarote va a pagar los platos rotos…







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