Descripción
FRASQUET, IVANA//CORPORACION EDITORA NACIONAL//SOCIOLOGÍA
“Jamás ha llovido reyes el cielo…” se atrevió a decir el diputado quiteño, suplente por Santa Fe de Bogotá, José Mejía Lequerica, en las Cortes que se reunían por aquel entonces –un 29 de diciembre de 1810– en el teatro de la isla de León. La intransitividad del verbo pasaba desapercibida en un debate en el que la monarquía española –el Reino, dirán unos; la Nación, rectificarán otros– se jugaba su futuro. Al fin y al cabo, si para las monarquías absolutas los monarcas recibían su poder en comunión directa con Dios, bien podía suponerse que era el Cielo el responsable de ello. La sentencia de Mejía Lequerica –irónica o no, metafórica o no– reflejaba a la perfección el cambio –radical para unos, moderado para otros e inexistente para algunos– de los nuevos, “modernos”, planteamientos acerca del origen y ordenación de la sociedad. Si el cielo no proporcionaba un rey, ¿de dónde provenía este, pues? Mejía lo aclaraba en su discurso: “En la tierra y entre los escarmentados hombres nació”.







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