Descripción
FLÓREZ, ANDRÉS ELÍAS//EDITORIAL MAGISTERIO//GENERAL
Recordé, en la misma sala, la camiseta de Arcelio que daba vueltas sin parar sobre el suelo de barro. De repente, Rocío interrumpió mis pensamientos: «Ya llegó el camión de la mudanza». Arcelio estaba ayudando a guardar las cosas ligeras. Pero al vernos cerca, se quedó inmóvil y dos lágrimas le resbalaron por la camisa. Se acercó a mí y me apretó la mano derecha. Se giró y saltó al camión que se marchaba. Al abrir la mano, me di cuenta de que me había dado su camiseta.







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