Descripción
GUERRERO DE MARTÍNEZ, LIGIA//EDITORES ECUATORIANOS//NARRATIVA ECUATORIANA
Este libro trasunta todo ello, en una entrega sincera de versos que brotan desde la experiencia propia, la delicada sensibilidad y el compromiso vital de su autora. Son reflejo de una mirada sensible y profundamente humana hacia las vidas de quienes, en su cotidianidad silenciada, cargan con historias de tristeza, de dolor, de lucha, asumidas con estoica dignidad. Retratan una realidad, lamentablemente, aún latente, de rostros que la autora ha sabido conservar en el anonimato, ha sabido escuchar y transformar en palabra escrita
A través de estas páginas, Ligia Guerrero nos invita a conocer a personajes que viven en los márgenes: mujeres maltratadas que resisten en silencio, hombres atrapados en sus propios demonios, madres solas que enfrentan el abandono con coraje, personas que han caído en el alcohol como refugio a su desesperanza, por citar algunas de sus temáticas.
En su faceta artística, Ligia Guerrero de Martínez encontró en la acuarela un lenguaje propio, íntimo, capaz de traducir emociones profundas en formas y colores genuinos. Como autodidacta, exploró esta técnica no desde la rigidez académica, sino desde la libertad expresiva, dejándose guiar por la intuición y la emoción. Cada trazo y cada matiz en sus obras nos habla de su sensibilidad, de su capacidad para captar lo cotidiano desde una mirada poética.
La acuarela, como técnica, tiene una magia particular: fluye, se desliza, se deja llevar por el agua, pero también exige precisión, paciencia y un pulso muy sensible. Para una pintora autodidacta como lo fue Ligia Guerrero, acercarse a la acuarela fue además de un acto de valentía, un espacio de permanente descubrimiento. Pues en esta técnica no hay fórmulas estrictas ni caminos prefijados. Se aprende observando, experimentando, equivocándose y volviendo a intentar.
Sus cuadros nos invitan a detenernos, a mirar con más atención, a encontrar belleza en lo simple y en lo humano. Porque para ella, pintar no era solo crear imágenes: era una forma de sentir, de narrar y de trascender. Pintó trigales, zamarros, hilanderas, un atardecer en el páramo, flores silvestres, una procesión, la cosecha, y otras imágenes que reflejaban los estados de su alma, recuerdos visuales que hablan por sí mismos, sin necesidad de palabras.





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